Se cree que la creatividad depende de momentos de inspiración, sin embargo puede surgir al dirigir la atención hacia elementos del entorno. El observar con curiosidad detalles cotidianos que pasan desapercibidos pueden detonar ideas innovadoras. Lo anterior se denomina "foco simple", el cual permite descubrir mejoras en situaciones comunes.
- Ejemplo: ¿podríamos rediseñar nuestra forma de ingresar al salón para aumentar la asistencia?
- Otro ejemplo: ¿existe una forma más práctica de realizar actividades sobre un tema en particular?
A continuación se presentan ejemplos educativos que pueden ser aplicables al aula según el contexto a observar:
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Tipo de propósito |
Ejemplo educativo |
Aplicación en aula |
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Perfeccionamiento |
Mejorar la organización
del trabajo en equipo en proyectos escolares |
Los estudiantes analizan
dinámicas actuales y proponen reglas, roles o herramientas digitales para
agilizar la colaboración |
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Resolución
de problemas |
Evitar distracciones
durante el uso de dispositivos móviles en clase |
El grupo diseña
estrategias de autorregulación: apps de enfoque, acuerdos grupales, uso
limitado por periodos |
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Tareas
definidas |
Crear una campaña para
promover el reciclaje dentro del colegio |
Se asigna como proyecto
de cultura digital; los alumnos diseñan lema, logo, piezas gráficas y
activaciones |
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Oportunidades |
Aprovechar espacios
desaprovechados en la escuela para actividades de bienestar |
El grupo identifica
rincones poco usados y propone mini zonas de lectura, mural colaborativo o
rincón verde |
Esto a la lo largo del tiempo puede llegar a hacerse un hábito ya que se ponen en práctica:
- Revisiones rutinarias
- Detección de puntos sensibles
- Curiosidad libre
- Descomposición de temas amplios en subfocos
Propuesta creativa: Diseñar actividades breves para los primeros minutos de clase (retos mentales, música suave, encuestas interactivas), y habilitar un “rincón previo” con mensajes positivos o dinámicas ligeras que faciliten el paso al aula.
Existen dos grandes formas de enfocar la creatividad:
Foco de área general: Se explora un campo amplio sin una meta definida. Por ejemplo, "queremos ideas nuevas en el ámbito escolar”. El objetivo es generar propuestas libremente, sin resolver un problema específico.
Foco con propósito: Se orienta a solucionar una dificultad concreta, mejorar un proceso o desarrollar un producto con una intención clara. Desde el inicio, se busca un resultado.
Desarrollar el hábito de elegir y analizar focos con atención permite pensar con dirección, evitando ideas al azar y aumentando el impacto de nuestras propuestas.
¿Qué es el foco simple?
Consiste en detenerse intencionalmente a observar objetos comunes —como usar un uniforme o entrar a un salón— y preguntarse si podrían mejorarse. Este ejercicio activa el pensamiento creativo sin necesidad de que exista un problema urgente.
Este tipo de observación creativa puede realizarse todos los días. Y con ello, convertir lo ordinario en fuente de innovación.
Forma en la que se activa el pensamiento creativo
Foco específico: Aparece cuando existe una tarea definida. Aquí entran herramientas como el pensamiento lateral y otras técnicas formales.
Creatividad sin foco definido: Algunas personas improvisan ideas, pero sin dirección clara la creatividad suele perder potencia.
Más sobre el foco con propósito
Este enfoque dirige el pensamiento hacia un objetivo concreto. Se usa para perfeccionar procesos, superar obstáculos, diseñar soluciones o explorar oportunidades.
Cómo redactar mejor el foco
La forma en la que deberá formularse el objetivo influye directamente en las ideas que se generan.
Ejemplos de reformulación:
- En vez de "rediseñar nuestra forma de ingresar al salón", podríamos decir:“¿Qué elementos del inicio de clase podrían modificarse para que la entrada al aula sea más atractiva y motivadora?”.
- En lugar de "¿existe una forma más práctica de realizar actividades sobre un tema en particular?”, pensemos en:“¿Cómo podríamos facilitar la participación en las actividades temáticas para que sean más claras, ágiles y significativas?”
A veces, mirar más allá del problema inmediato revela nuevas oportunidades. Es el arte de pensar en el problema oculto.
¿Cuánta información es necesaria?
La información de apoyo es útil, pero en exceso puede bloquear la creatividad. Es mejor iniciar desde principios básicos (lo que se llama inocencia creativa) y luego complementar con datos específicos para validar las ideas surgidas.
Ejemplo
Detectar el problema oculto
Situación: Retrasos frecuentes en la entrada al aula.
Problema visible: Los estudiantes se entretienen en los pasillos.
Solución rápida: Aplicar sanciones, cerrar accesos.
¿Problema oculto?: Los alumnos quizás no tienen espacios previos para socializar, liberar tensión o prepararse emocionalmente.
Como ves, desarrollar y reformular el foco creativo es mucho más que redactar bien: es aprender a observar de forma estratégica, dirigir las ideas con intención y explorar lo que suele pasar desapercibido. Esta habilidad puede entrenarse, y en el aula tiene un enorme potencial para transformar la manera en que planteamos desafíos y diseñamos soluciones.
En la siguiente entrada del blog exploraremos otra técnica del pensamiento lateral igual de poderosa: el cuestionario.
Veremos cómo formular preguntas clave puede activar nuevas rutas creativas, abrir opciones que no habíamos considerado y enriquecer procesos educativos desde la curiosidad.
¡No te lo pierdas! Seguimos construyendo herramientas prácticas para potenciar la creatividad en educación.
Referencias bibliográficas
De Bono, E. (1994). El pensamiento creativo: El poder del pensamiento lateral para la creación de nuevas ideas. Epublibre, Tirivillus.