En el ámbito escolar, fomentar la creatividad no sólo implica generar ideas nuevas, sino también cuestionar las formas establecidas de hacer las cosas. Aquí entra en juego el cuestionamiento creativo, una herramienta que no busca criticar, sino explorar otras posibilidades. No emite juicios ni busca errores. Parte de la idea de que siempre hay más de una forma válida de hacer algo.
- ¿Por qué el alumnado presenta sus proyectos sólo en formato escrito?
- ¿Por qué las evaluaciones siguen siendo individuales?
- ¿Por qué las sillas están siempre en filas?
Tres pasos para abrir posibilidades
- Bloquear: Imagina que no puedes usar el método habitual. ¿Qué harías?
- Salir: Libera la mente de condiciones previas. ¿Qué pasaría si no tuvieras que seguir el reglamento actual?
- Abandonar: A veces, la forma de hacer algo puede eliminarse o ajustarse sin perder efectividad.
Una forma poderosa de enseñar el cuestionamiento creativo es profundizar con preguntas sucesivas:
- ¿Por qué usamos esta rúbrica?
- ¿Por qué es necesaria esta rúbrica?
- ¿Podríamos evaluar de otro modo?
La trampa de la continuidad
Muchas veces seguimos haciendo las cosas “porque siempre se han hecho así”. Pero eso no significa que no haya opciones mejores. En el aula, revisar la continuidad permite identificar oportunidades de mejora, sin necesidad de que haya “fallas” evidentes.
- Tecnológicos: nuevas herramientas como plataformas de aprendizaje híbrido pueden reemplazar esquemas obsoletos.
- De valores: el enfoque en la sostenibilidad y el bienestar emocional modifica el diseño de actividades.
- De circunstancias: cambios sociales, demográficos o políticos transforman las necesidades educativas.
- El concepto que sostiene una práctica (¿por qué evaluamos con exámenes escritos?).
- La idea que implementa ese concepto (¿por qué deben durar una hora exacta?).
- Suponemos que los estudiantes deben aprender en aulas físicas.
- Que las clases requieren una hora completa.
- Que todos deben seguir el mismo ritmo.
- ¿Podría una escuela funcionar sin calificaciones numéricas?
- ¿Es posible permitir que el alumnado elija sus materias según proyectos?
- Control disciplinario.
- Evaluaciones periódicas.
- Igualdad formal en recursos.
- Evitar eliminar exámenes porque “generaría caos”.
- No proponer clases híbridas por temor a la falta de seguimiento.
Incluso cuando una polarización parece sensata y justificada, vale la pena cuestionarla para descubrir nuevos ángulos.
- Tomar conciencia de los factores que moldean nuestra manera de pensar: ¿por qué vemos el problema solo desde dos perspectivas?
- Cuestionarlos, aún si parecen razonables: ¿podemos formular alternativas que combinen lo mejor de cada extremo?
¿Por qué evitar el juicio?
Porque criticar bloquea la exploración. Si se considera que sólo lo defectuoso puede cuestionarse, se limita el potencial creativo. Además, todo juicio genera defensas, polarizaciones y resistencia. En cambio, el cuestionamiento creativo propone explorar sin atacar, buscando caminos alternativos.
Ejemplos cotidianos para el aula
Este tipo de cuestionamiento no busca confrontar ni invalidar. Al contrario, permite abrir la reflexión: ¿es esa la única manera de plantear la situación? ¿Qué opciones intermedias existen?
Pensamiento creativo y continuidad: ¿por qué seguimos haciendo lo mismo?
En muchas ocasiones, nuestras prácticas educativas se mantienen más por hábito que por reflexión. Este fenómeno se conoce como continuidad, y puede adoptar distintas formas que limitan la creatividad. Analizarla es clave para transformar el aula.
1. Continuidad por negación
Actuamos de cierta forma simplemente porque nunca ha sido un problema. Al no representar una dificultad, no lo cuestionamos. Ejemplo: durante décadas, en algunas escuelas se usaron timbres para marcar el inicio de clases aunque el contexto ya no lo justificara. Nadie los cambió hasta que alguien se detuvo a pensarlo. Si se hace una pequeña observación, aún se sigue utilizando.
Si no está roto, no lo arregles”. Este proverbio frena la innovación. Mientras unos buscan soluciones a problemas visibles, otros avanzan en espacios donde no hay conflicto aparente.
2. Continuidad por compromiso
A veces, seguimos una práctica porque estamos atados a exigencias externas: reglamentos, expectativas o estructuras heredadas. Ejemplo: diseñar clases presenciales pensando en horarios rígidos, aunque el grupo sea virtual.
Este compromiso puede surgir de factores que antes eran beneficiosos (como un nuevo departamento o software) y ahora limitan la capacidad de cambio. Incluso el teclado tradicional de computadoras es producto de una tecnología obsoleta, pero seguimos enseñándolo porque así aprendimos.
3. Continuidad por complacencia
Cuando algo ha funcionado por mucho tiempo, asumimos que seguirá funcionando siempre. Si surge una falla, buscamos causas externas en lugar de cuestionar el concepto de base.
Ejemplo escolar: seguir usando libros de texto impresos porque “siempre han sido útiles”, sin revisar si existen versiones más pertinentes o interactivas.
4. Continuidad por secuencia temporal
Las ideas nacen en orden cronológico, pero eso no justifica que las primeras definan a las siguientes. Ejemplo: usar la estructura de examen escrita como modelo para evaluar proyectos audiovisuales, simplemente porque es lo que se hizo primero.
Las instituciones muchas veces arrastran estructuras antiguas que no responden al contexto actual (como bancos, hospitales o incluso el sistema educativo). Detectarlas permite reformular lo que ya no funciona.
¿Cómo liberarse de la continuidad?
Analizar para desafiar
Revisar nuestras prácticas puede revelar ataduras innecesarias. Podemos cuestionar si algo sigue vigente solo por inercia.
Cambios que abren nuevas posibilidades
Invitar a las y los estudiantes a cuestionar lo establecido no es sólo una estrategia didáctica: es un modo de pensar que forma parte del aprendizaje activo y creativo. ¿Qué prácticas vigentes podríamos rediseñar esta semana en el aula?
Pensamiento creativo y revisión de conceptos
En educación, como en otros ámbitos, los cambios económicos, sociales y tecnológicos nos obligan a revisar constantemente los conceptos que sustentan nuestras prácticas. Lo que antes funcionaba, hoy puede ser ineficaz, costoso o incluso obsoleto.
Cambio de costos y necesidad de actualización
El aumento en costos operativos (personal, recursos, regulaciones) vuelve imprescindible cuestionar conceptos antiguos. Por ejemplo, mantener talleres escolares presenciales puede volverse inviable si hay nuevas herramientas digitales más accesibles.
Confiar en que “las cosas mejorarán solas” es peligroso. Es necesario distinguir entre dificultades momentáneas y cambios estructurales que exigen una reconfiguración de nuestras ideas.
Cuestionamiento de conceptos e ideas
Hay que diferenciar entre:
Cuestionamiento de los factores formadores
Nuestros pensamientos están influenciados por presiones invisibles: cultura escolar, tradición, normativas. Ejemplo cotidiano: se supone que en clases se debe estar sentado y en silencio. ¿Es esa la única forma de “aprender”?
En sesiones creativas, vale la pena retroceder y mirar qué condiciona nuestras decisiones, más allá de la práctica misma.
Identificar conceptos dominantes
Al enfrentar un problema como la deserción escolar, el concepto dominante podría ser “retener al estudiante en la escuela”. Pero ¿qué tal si lo que deberíamos cuestionar es la estructura escolar misma? ¿Podemos pensar en otras formas de acompañar su aprendizaje?
Los conceptos dominantes suelen limitar el análisis a un solo camino. Detectarlos es el primer paso para ampliar perspectivas.
Cuestionar los supuestos
Los supuestos son útiles, pero también reducen la variedad de alternativas. Ejemplo común:
Identificar esos supuestos permite desarmarlos y repensar desde lo posible.
Cuestionar los límites
Más allá de los supuestos, también existen límites implícitos: lo que creemos que es factible, permitido o aceptado.
Al visualizar y desafiar estos límites, pueden surgir ideas radicales o incluso soluciones perfectamente viables y necesarias.
Factores esenciales: ¿realmente deben incluirse?
En cada solución educativa incluimos ciertos “ingredientes” que damos por imprescindibles:
Pero incluso estos factores pueden ser objeto de revisión. ¿Son necesarios siempre? ¿Podrían actualizarse según el contexto?
Factores de alusión
Hay ideas que evitamos por miedo a conflictos, rechazo o pérdida de control. Por ejemplo:
Cuestionar lo que no queremos que pase es también una vía para imaginar formas nuevas de hacer las cosas.
Polarizaciones extremas
En educación, se suele pensar en soluciones absolutas: presencial vs virtual, orden vs creatividad. Pero esta polarización puede encerrar el pensamiento. En vez de elegir entre extremos, ¿qué tal si se buecan nuevas combinaciones?
En resumen, el cuestionamiento creativo no solo busca nuevas respuestas, sino revisar los cimientos desde los que pensamos.
Polarización del pensamiento: cuando hay más que dos caminos
En el aula, es común que las decisiones se tomen entre dos opciones opuestas: sí o no, tradicional o digital, evaluación escrita o presentación oral. Sin embargo, esta lógica dicotómica puede limitar la creatividad y bloquear enfoques intermedios o híbridos.
¿Qué son las polarizaciones?
Son planteamientos extremos que dividen una situación en solo dos alternativas. Aunque parezcan útiles o incluso necesarias, pueden reducir la capacidad de análisis y cerrar puertas a combinaciones enriquecedoras.
Dos pasos para desafiar el pensamiento polarizado
Enseñar esto a estudiantes de educación media superior no solo mejora su capacidad de análisis, sino que les ayuda a romper esquemas mentales rígidos. En vez de obligarlos a elegir entre blanco y negro, podemos promover una paleta de opciones.
Con esta técnica es importante atreverse a pensar diferente, sin miedo a romper esquemas, supuestos ni límites.
En la próxima entrada se explorará la técnica del pensamiento lateral: el concepto y el abanico de conceptos. ¿Cómo nacen las ideas? ¿Qué ocurre cuando cambiamos el punto de partida conceptual?
¡Continuemos en la exploración de la innovación educativa!
Referencias bibliográficas
De Bono, E. (1994). El pensamiento creativo: El poder del pensamiento lateral para la creación de nuevas ideas. Epublibre, Tirivillus.