Cuando enfrentamos un problema, como alcanzar algo en el techo sin una escalera, podemos buscar otras formas de lograr el mismo objetivo. En lugar de enfocarnos en un objeto específico, como la escalera, identificamos su función: elevarnos del suelo. Ese concepto se vuelve nuestro punto de partida para encontrar alternativas, como subirse a una mesa o pedir ayuda para que alguien nos levante.
Si ampliamos aún más el enfoque, el objetivo ya no es solo elevarnos, sino acercar el objeto al techo. Esto abre nuevas soluciones, como usar un palo para alargar el brazo o lanzar el objeto con una pelota.
Este proceso permite generar ideas de dos formas: partiendo de una idea concreta o ampliando el concepto a uno más general. Cada nueva posibilidad puede dar lugar a más alternativas.
A esta forma de pensar se le llama abanico de conceptos. Es una estrategia creativa que parte de un propósito y permite generar múltiples soluciones al redefinir o expandir los conceptos clave.
El abanico de direcciones y conceptos
Cuando partimos de un propósito, como afrontar la escasez de agua, podemos retroceder y definir conceptos amplios o direcciones posibles para alcanzarlo. Por ejemplo:
- Reducir el consumo
- Aumentar la provisión
- Arreglárselas sin agua
Cada dirección se convierte en un punto de partida para generar conceptos más específicos. Estos representan distintas formas de lograr esa dirección. Por ejemplo:
Para reducir el consumo:
- Usar el agua con mayor eficiencia
- Evitar el despilfarro
- Desalentar el uso
- Promover la educación sobre su cuidado
- Buscar nuevas fuentes
- Reciclar el agua
- Cuidar mejor las fuentes existentes
- Detener procesos que la requieren
- Sustituirla por otras sustancias
- Diseñar soluciones que no dependan de su uso
Una vez definidos estos conceptos, cada uno puede explorarse a través de ideas concretas. Por ejemplo, si tomamos “desalentar el uso”, podríamos generar ideas como:
- Medir y cobrar por el consumo
- Subir el precio del agua
- Limitar su uso a ciertas horas
- Hacer que solo esté disponible en espacios públicos
- Mezclarla con una sustancia de sabor desagradable
- Restringir su uso en jardines y piscinas
- Publicar los nombres de quienes la desperdician
- Anunciar posibles racionamientos
Este mismo proceso puede repetirse con cada concepto. Así, avanzamos desde un objetivo general hacia una amplia gama de soluciones, explorando direcciones, conceptos e ideas concretas.
El abanico de conceptos es una herramienta para generar ideas alternativas a partir de un propósito u objetivo. Se construye en tres niveles jerárquicos:
- Direcciones: Son los conceptos más amplios que guían el pensamiento hacia el objetivo.
- Conceptos: Son métodos o enfoques generales para realizar esas direcciones.
- Ideas: Son acciones concretas y específicas para llevar a la práctica un concepto.
- Dirección: Ir al norte.
- Conceptos: Caminos o rutas posibles.
- Ideas: Ir en coche, tomar un autobús, caminar.
- Empieza por el propósito u objetivo.
- Retrocede, preguntándote: ¿Cómo puedo lograrlo?
- Identifica una o varias direcciones generales.
- Para cada dirección, define conceptos posibles.
- Luego, genera ideas concretas para llevar a cabo esos conceptos.
- Idea: Que la gente trabaje desde casa.
- Concepto: Reducir la necesidad de desplazarse.
- Dirección: Disminuir la cantidad de vehículos en las calles.
- Otras ideas pueden generar nuevos caminos:
- Se enfoca en la acción, no en la descripción o el análisis.
- Un mismo punto puede aparecer en distintos niveles o direcciones, si encaja en más de un lugar.
- Sirve como marco para forzar la generación de alternativas mediante puntos fijos (direcciones y conceptos).
- También ayuda a crear puntos focales: si aún no existe una idea para un concepto, este se convierte en un reto creativo.
Evaluación de las ideas creativas
- Utilidad: ¿Funciona? ¿Puede aplicarse de forma realista?
- Beneficios: ¿Qué ventajas aporta? ¿Son significativas? ¿Cuánto duran?
- Recursos: ¿Tenemos los medios (tiempo, dinero, personas, tecnología) para aplicarla?
- Conveniencia: ¿Se ajusta a las circunstancias, políticas, estrategias y personas implicadas?
- Desarrollar hábitos de lectura
- Enseñar estrategias de comprensión
- Conectar la lectura con la vida del estudiante
- Crear espacios y tiempos específicos para leer
- Fomentar la lectura por placer
- Incorporar retos o maratones de lectura
- Enseñar a subrayar, resumir y hacer mapas mentales
- Practicar la lectura en voz alta y compartida
- Usar preguntas antes, durante y después de la lectura
- Trabajar con textos cercanos a su realidad (redes sociales, canciones, noticias)
- Relacionar los textos con temas de interés actual
- Permitir que elijan qué leer y cómo abordarlo
- Rincón de lectura en el aula
- Lectura libre al inicio de clase una vez por semana
- Lista colaborativa de recomendaciones entre alumnos
- Hacer resúmenes visuales con dibujos o infografías
- Crear audiocomentarios o podcasts breves sobre lo leído
- Analizar letras de canciones o memes virales
- Leer hilos informativos de redes y discutir su validez
- Fomento de la creatividad: obliga al estudiante a transformar lo que leyó en un producto creativo que exige comprensión profunda.
- Expresión auténtica: permite que el estudiante conecte el contenido con su forma de comunicar y pensar.
- Pensamiento visual y narrativo: para crear un meme, cómic o video corto, se debe identificar lo esencial del texto y reinterpretarlo.
- Inclusión: favorece a estudiantes con distintos estilos de aprendizaje (visual, kinestésico, narrativo).
- Crear un TikTok que resuma el conflicto principal de una historia.
- Diseñar un meme que refleje el punto de vista de un personaje.
- Hacer un cómic que represente el clímax o final alternativo de un cuento.
De Bono, E. (1994). El pensamiento creativo: El poder del pensamiento lateral para la creación de nuevas ideas. Epublibre, Tirivillus.